Garoto y el desierto naranja

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Un poco tarde, pero un buen momento para empezar. Garoto (2015) es la primera película que veo de Júlio Bressane, veterano cineasta brasileño del que empecé a oír hablar a raíz de Educaçao Sentimental (2013) y que me había cruzado últimamente de manera azarosa en muchas revistas, blogs y tweets.

Hablo de la película y de Bressane libre de referencias y de juicios previos. No sabía a ciencia cierta qué me encontraría en Garoto. Y si escribo estas líneas es porque quiero ordenar las pocas notas que tomé mientras la veía. La primera palabra que anoté fue “hieratismo”, acompañado de “recitado de textos” y de “Straub Huillet” (esto en interrogante). Estaba algo perdido, en el buen sentido del término. Me gustó la invitación de la chica al cámara que la graba a adentrarse en el bosque. Nos tendía también a nosotros la mano para que la acompañásemos.

La película forma un díptico entre cuyas partes hace de bisagra una violenta escena filmada en off en la oscuridad de una casa. En un extremo de la cinta está la naturaleza verde, salvaje y frondosa, el paisaje que ilustra el deseo que viven los protagonistas; al otro lado de la película habitamos un paisaje anaranjado, árido y ventoso, que representa el castigo que tiene que afrontar el joven silencioso.

Bressane tiene una cualidad inusual: compone una película fría y carnal por igual, es capaz de llegar a esa carnalidad jugando con una puesta en escena muy calculada y de apariencia aséptica. La naturaleza, los espacios interiores y exteriores, se filman como una extensión del estado anímico de la pareja, pasional e inestable a la par. “El drama ya no es psicológico, sino plástico”, dijo Godard sobre El desierto rojo.

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El primer De Palma

Hace semanas decidir hacer en mi casa un ciclo sobre Brian De Palma. Empecé por sus primeras películas. Greetings es su ópera prima, una película de 1968 que parece una especie de contenedor de todo lo que bullía en aquellos años trascendentales: el swinging London y la sombra de Blow Up, la guerra de Vietnam, la levedad de aquella izquierda contestataria… Da la sensación de estar viendo un ambicioso proyecto de fin de carrera hecho por alguien que alberga muchas ideas en su cabeza y que no quiere descartar nada, que intenta darle forma a todo. Greetings es una acumulación atropellada de escenas, de las cuales destacaría varias: por ejemplo, esos ensayos de los jóvenes para evitar ir a la guerra, en los que parecen estar realizando pruebas de cámara para el propio De Palma. También está la escena del joven Robert De Niro, ese chaval de ideales un tanto difusos, leyendo un libro delante de cámara… y que tanto ha hecho que se escriba sobre Godard al hablar de esta película. El homenaje a La Chinoise es evidente, aunque estas dos capturas de las películas ya ofrecen sugerentes matices que las separan: las equiparaciones se suelen hacer siempre con trazos gruesos.

 

 

Lo que más me llama la atención son los últimos minutos. El personaje de De Niro, Joe Rubin, acaba en Vietnam y, desde la selva del sudeste asiático, participa de una paródica retransmisión en directo que emite la televisión norteamericana. Me resultó inevitable pensar que Joe Rubin era Travis Bickle diez años más joven: un chaval inquieto, rebosante de energía, con ganas de trabajar de cineasta y que se encuentra de bruces en una guerra absurda a miles de kilómetros de casa. Diez años después, este joven estaría de vuelta en Nueva York, conduciendo un taxi nocturno mientras planear asesinar a un candidato político ante la imposibilidad de reordenar su vida. Son dos películas que, vistas en continuidad, ilustran cómo llegó a mutar el estado de ánimo de una generación marcada por el conflicto vietnamita.

AM

Una lista para 2015

El primer día de 2015 decidí hacer una lista con todas las películas que fuese viendo a lo largo del año. Me lo tomé como el clásico propósito de año nuevo que pasadas las semanas olvidaría, o como ese diario que muchos se lanzan a escribir y que acaba quedando estancado en un día al azar.

Pero llegué a diciembre con los deberes hechos. Vi mucho cine (eso creo) y guardé la costumbre de ir anotando todas las películas que veía. Alguna se me pasaría, puede ser.

No las he enumerado, ni he sacado grandes conclusiones sobre esa lista de 15 páginas, pero sí que me gustaría revisarla algún día y saber, por ejemplo, cuál es la nacionalidad que más predomina, qué mes fue más productivo, de qué director vi más películas, qué año es el que tiene más presencia…

Lo que sí he sacado es una lista de diez películas. Las ordené un poco a vuelapluma, intentando tomar como criterio que fueran de 2015 o que se hubiesen estrenado en ese año. No importa si en salas comerciales, plataformas digitales o festivales.

La lista ha quedado así:

1. Une Jeunesse Allemande (J. Périot)

2. La academia de las musas (J.L. Guerín)

3. O futebol (Sergio Oskman)

4. Las mil y una noches: el desolado (Miguel Gomes)

5. Paraguay remembered (Dominique Dubosc)

6. Dead slow ahead (Mauro Herce)

7. Navajazo (Ricardo Silva)

8. Puro Vicio (Paul Thomas Anderson)

9. Syria Self-Portrait – Silvered Water (Wiam Bedirxan, Ossama Mohammed)

10. Ragazzi (Raúl Perrone)

Esta lista la hice hace 15 días. Ahora que voy a publicarla en el blog, me sorprende que pusiera La academia de las musas tan arriba, quizás por ser de las últimas que vi y tenerla tan reciente.

Navajazo, Ragazzi o Syria Self-Portrait – Silvered Water deberían estar más arriba. Pero ahora no voy a modificarla. Cada vez que revisase ese documento, saldría una lista totalmente diferente, así que prefiero quedarme con esta primera versión.

La he dejado en diez, pero deberían ser más. Tendría que haber hecho un hueco a otras, como No home movie, Of the north, Citizen Four, Hard to be a God, Entrelazado, Les Combattants, B-movie: Lust & Sound in West Berlin, Pedro M., Retratos de identificaçao o The Assassin.

Un buen propósito para este 2016 sería escribir sobre las películas. Al fin y al cabo, es lo que debería hacer, más que clasificarlas en listados imposibles. A ver si este reto también se cumple en el nuevo año.

 

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La luz trágica

“El sentido trágico del Mediterráneo es solar, distinto del de las brumas. Algunos atardeceres en el mar, al pie de las montañas, cae la noche sobre la curva perfecta de una pequeña bahía de aguas silenciosas, y entonces se eleva el cielo una plenitud angustiada. Bien puede comprenderse que si los griegos llegaron a la desesperación en esos lugares, ello fue siempre a través de la belleza y de lo que ésta tiene de opresivo. En esa dorada infelicidad culmina la tragedia. Nuestro tiempo, sin embargo, alimentó su desesperación en la fealdad y en las convulsiones.”

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El verano (Albert Camus, 1954)

Mediterranée (Jean-Daniel Pollet, 1963)

Oporto 31, 56. Los gestos

Oliveira

Creo que fue en 2001 cuando fui con unos amigos de la universidad a ver una charla que Manoel de Oliveira daba en Sevilla. En aquel momento, Oliveira contaba con 94 años y venía a presentar Porto da minha infancia, un ejercicio de memoria sobre su ciudad natal. Era una película realizada desde la serenidad que ofrece la perspectiva ganada con la edad, filmada por alguien que mira hacia el pasado con nostalgia, con una sensación de satisfacción ante la vida ya por completo vivida. Pensé que estaba ante su obra póstuma y que comenzaba a descubrir a un director practicamente desde su obituario fílmico.

Trece o catorce años después, Oliveira ha realizado nueve largometrajes y once cortos más. Su figura no ha dejado de ser reivindicada por la cinefilia contemporánea, que suele colocar sistemáticamente sus películas en lo mejor de cada año. Dejando de lado valorar la envidiable vitalidad del portugués y esa evidente atracción hacia su eterna longevidad, me cuesta sumarme a ese unánime reconocimiento a su trabajo reciente; su mirada ensimismada y excesivamente academicista -algunos lo pueden ver radical, no sin razón- a veces me parece que genera obras frías, demasiado acartonadas y con una excesiva tendencia hacia lo hablado.

Sin embargo, la obra de Oliveira es tan inabarcable que nos permite estar constantemente descubriéndola. Parece que no fuésemos a vivir lo suficiente para poder ver todo lo que ha filmado.

Toda esta parrafada viene al caso porque en una semana iré a Oporto y he querido buscar películas sobre la ciudad. Oliveira ha filmado su ciudad natal al menos en tres ocasiones, que yo sepa. En 1931, hace 83 años, rodó Douro, Faina Fluvial, una pieza de 18 minutos que engarza con el cine experimental de la época, esas películas de Strand, Vigo y Ruttmann que buscaban a través del montaje mostrar el ritmo frenético de la vida en las ciudades modernas.

Más que realizar una mirada caleidoscópica sobre la ciudad, Oliveira opta por delimitar su objetivo y se centra en los trabajadores del Duero, en un ejercicio que quizás vio Antonioni antes de hacer Gente del Po (1947). Aquí, los pescadores se prestan a participar del retrato que realiza Oliveira y ficcionan algunas de las secuencias: miradas, rostros, gestos cercanos de los habitantes de Oporto, que se alejan de esa actitud de demiurgo que da forma a las sinfonías urbanas que se hicieron en los años 20 y 30.

25 años después, Oporto se ha vuelto más urbana y las calles del centro lucen en color. En O Pintor e a Cidade (1956), la cámara de Oliveira ya se va sosegando y su cine parece que ha tendido más hacia la observación, hacia esa pausa que sí nos resulta más familiar. La película, que tiene como hilo narrativo las acuarelas de un pintor impresionista, tiene más aspiración documental que la anterior en el sentido de documento, de testimonio de la vida en la ciudad. Son muchos los apuntes que Oliveira, como si se tratase de un viajero de paso, escribe también de manera impresionista, buscando contrastes entre lo antiguo y lo nuevo, entre el bullicio y la quietud.

Hay un gesto cómico que me llama la atención: en un momento de la película, la cámara, que no ha dejado de deambular en torno a las piedras antiguas, mira hacia las estatuas que gobiernan la ciudad. Conscientes de su posición de poder, estas figuras cobran vida y comienzan a dirigir el tráfico del centro de Oporto. Un gesto cómico que me recordó al que hizo hace pocos años en el cortometraje O Conquistador conquistado, pieza que formó parte de la obra colectiva Centro Histórico (2012). En su fragmento, las viejas estatuas que antes dirigían a los ciudadanos ahora permanecen inertes, como la del rey Alfonso Henriques en Guimaraes. El ruido lo trae un grupo de turistas que pasea por la ciudad como si de un lugar de ocio se tratase. Las estatuas de antes ahora han pasado a ser objetos de museo dentro de rutas turísticas y el guía del grupo, como consciente de este giro inevitable, mira hacia la figura justificándose, pidiendo perdón. Este guiño inocente del guía no me dijo nada en el momento que lo vi, me pareció un gesto bastante naïf referido al turismo masificado; después de ver O Pintor e a Cidade, la indefensión de este gesto puede que guarde una enorme lógica dentro de la obra de Oliveira.

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PD: El primer consejo que he leído sobre turismo en Oporto es no pisar la famosa librería Lello, muy bonita, pero consagrada definitivamente al turismo de masas.

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El mundo terrible de las certezas

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No me deje solo entre personas llenas de certezas porque es terrible”. He leído esta cita saltando de blog en blog, a raíz de la lectura de Mis dos mundos, el libro de Sergio Chejfec. Creo que la cita es de Antonio Tabucchi, no lo sé con certeza, algunos blogs ayudan a dejarte con esa incertidumbre.

Quiero escribir sobre la película Pendejos, de Raúl Perrone, desde hace un par de semanas, el tiempo que hace que la vi. Los días han pasado y cada vez cuesta más. En estas dos semanas he leído el libro de Chejfec, una novelita de poco más de cien páginas sobre un largo paseo que da el escritor por un parque brasileño. A medida que pasea, el mundo se le muestra a Chejfec y, a su vez, le descubre rasgos aletargados de su personalidad.

¿Hay alguna posibilidad de hilar a Chejfec con Perrone? Supongo que no. Más allá de que son argentinos, algo en lo que acabo de caer ahora. La cinta de Perrone es un recorrido de casi dos horas y media por la vida de unos jóvenes de apariencia nihilista, a los que les une la pasión por el skate. La película me parece que tiene ese espíritu del primer Jarmusch (el primerísimo, aquel de Vacaciones Permanentes) y también del mejor cine que ha hecho Gus Van Sant. La lógica invita a equipararla a Paranoid Park, por los skaters, por esa manera misteriosa de filmar los tiempos muertos y por la precisión en los detalles. Pero también pensaba en Mala Noche, la primera película que filmó Van Sant. La vi hace mucho tiempo y quizás esta relación solo se sustenta por pilares muy básicos: jóvenes con un futuro poco halagüeño, zonas periféricas, ese blanco y negro contrastado… Para reforzar esta posible relación debería volver a verla.

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Pero vuelvo a Chejfec. Introduzco su novela aquí porque, a medida que leía ese relato sobre la contemplación, la observación y el sentimiento de sentirse observado, me venían algunas imágenes de Pendejos. Más que las imágenes, eran las sensaciones generales que me había dejado la película: por supuesto, ese constante estado de suspensión en Pendejos, donde es palpable la intención de dar una sobredimensión a lo cotidiano, de subrayarlo, o de dotarlo de un sentido nuevo que vaya más allá de la imagen, gracias en parte a esa envolvente banda sonora que hace que Pendejos se vuelva en ocasiones un extraño musical a ritmo de electrocumbia.

Intuyo que, cuando empieza a rodar Perrone, o cuando comienza a escribir Chejfec, ninguno sabe por dónde podrá ir la película o la novela. Son dos propuestas abiertas a la indagación, ya sea en la imagen, en el sonido o en la palabra. En ambas se atiende a la observación con suma cautela, se pretende una mirada libre y abierta a la improvisación y al azar. Supongo que aquí reside la belleza de ese vivir entre tantas incertezas o dudas que decía o se atribuye a Tabucchi.

Siento que tanto Perrone como Chefjec se lanzan a filmar o escribir llenos de dudas, sin conocer en qué acabará todo. Saben simplemente que harán una película sobre skaters de un arrabal argentino, o una novela sobre un paseo dominical, sin tener un guión ni una hoja de ruta definida. Confían en lo que depara la incertidumbre, en la revelación de lo que sucederá en el momento de la filmación o de la escritura. Perrone y Chefjec confían, en definitiva, en esas situaciones impredecibles y efímeras que emergen en el momento de grabar o escribir, tan poco presentes en el cine más convencional, ese cine anclado a guiones cerrados, a una planificación de la producción rigurosa y a veces excesiva.

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AM

(S8) 5º Mostra de Cinema Periférico

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Del 4 al 8 de junio tendrá lugar en A Coruña una nueva edición de la (S8) Mostra de Cine Periférico. La cita gallega llega a su quinta edición como uno de los referentes del cine experimental en nuestro país y ofrece, un año más, un amplio programa de actividades cinematográficas. Este año será el cine japonés el protagonista de la muestra, en la que se podrán ver trabajos de Takahiko Iimura, Daïchi Saïto, Takashi Makino o Teuro Koike, cineastas primordiales dentro del cine experimental japonés.

Completarán la extensa programación las performances del Colectivo Crater y de Esperanza Collado, la presentación del proyecto European Souvernirs a cargo del colectivo Zemos98, los últimos trabajos de Jodie Mack, maestra del collage fílmico, una selección de películas del festival canadiense Media City, un taller de acción cinematográfica para los más pequeños y la exposición LOST&FOUND. ARQUIVOS (RE)COLECTADOS, instalada en el espacio NORMAL de la Universidade de A Coruña.

El catálogo con toda la programación se puede consultar en este enlace.